Tuesday, November 20, 2018

Te fuiste Chuy. 

Ya no volviste.

En vez de escoger entre vereda y camino 
decidiste ya no mirar
por donde pisas, mandaste al carajo
tu fe en ti mismo. Diste una mentada
de madre a tu espíritu.

Abrazaste a la noche sin hacernos
ni ademán de caballero. Ni despedida.

Tus ojos se quedaron oxidados,
la embrujada mirada fija
en tu propio crucifijo.

¿Se te reza? 
¿Se te venera?

El sentido del humor se te escapó
por los poros. Eres máscara sin expresión,
palabra hueca sin superficie.

Haces eco sin llegar a ninguna conclusión.
Sonando sin hacer ruido.
Equivocándote de nido.

El niño en tí, el de corazón de Quetzalcoatl 
llora de rabia, de melancolía.
Se despluma sólo mientras baila
un tango mortal. El amor solo
se te acerca para hacerte homenajes póstumos,
rindiendo tributo a tu abatido corazón.

La rosa que con tanta espina 
Te fascinaba y te reinventaba
no pudo más bajo el peso de tu mirada
de vagabundo enamorado.

La emoción del asombro es ahora
pieza permanente en una galería
de engaños, juego de manos en exposición
de húngaros sin enaguas.

Tu odiado espejo que has roto
por ya no devolver reflejos
sigue proyectando tu silueta
en las mentes de tus amigos más estimados.

Ya no se multiplican tus oscuridades ahondadas
Como laberintos repitiendo pasillos
donde los umbrales de tus ojos ocultan paredes.

No comments:

Post a Comment